Ácido fólico: un aliado de las embarazadas

“Ácido fólico” es uno de los primeros términos que escucha cualquier mujer cuando planea embarazarse o cuando ya lo está. La razón es el consenso que existe en la comunidad médica sobre la importancia de esa sustancia para reducir el riesgo de que el bebé sufra defectos en la formación del tubo neural, que luego derivan en problemas de la médula espinal y el cerebro. Su deficiencia está igualmente asociada a la aparición del llamado labio leporino con o sin hendidura del paladar.

El tubo neural se forma en las primeras semanas de gestación, y de allí la importancia de cubrir estos requerimientos preferiblemente antes del embarazo y, por supuesto, durante ese lapso inicial.

Cuando hablamos de ácido fólico nos referimos a la versión producida en laboratorio del folato, una vitamina B9.

En muchos países existen programas de enriquecimiento con ácido fólico de alimentos de consumo masivo, como las harinas y los cereales, los cuales han reducido hasta en 35% la tasa de defectos del tubo neural. También se obtiene folato de diversas verduras de hoja verde oscura, granos, cítricos, y frutos secos. Todo ello, sin embargo, no suele alcanzar a cubrir lo recomendado para un embarazo o para ciertas condiciones especiales como la de las personas celíacas.

Por eso es importante que, en cada caso, el especialista indique la cantidad apropiada del suplemento de ácido fólico. No es asunto que debamos resolver sin consultar, entre otras razones porque el ácido fólico puede interactuar negativamente con algunos medicamentos, como ciertos anticonvulsivos, barbitúricos o drogas contra el cáncer, y también porque las dosis excesivas pueden enmascarar deficiencias de otras vitaminas importantes.

Sin embargo, generalizando, se suele recomendar en adultos una dosis diaria de 400 microgramos (mcg), que puede llegar hasta los 1000 mcg en las mujeres adultas que están planeando un embarazo.

El folato, además, actúa con las vitaminas B-6 y B-12 controlando los altos niveles de homocisteína en la sangre, los cuales aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Algunas investigaciones sugieren que quizás reduzca el riesgo de varios tipos de cáncer y que podría ayudar en el tratamiento de la depresión.

En algunos casos, el ácido fólico puede generar mal sabor en la boca, náuseas, pérdida de apetito, confusión, irritabilidad,  alteración del sueño o ciertas reacciones alérgicas. Pero, en cualquier caso, bien vale la pena por todos los beneficios que conlleva su correcto consumo.

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