Complejos vitamínicos: más mentiras que verdades

En torno a los complejos vitamínicos corren ríos de desinformación: desde medias verdades hasta las mentiras absolutas de quienes prometen resultados milagrosos.

Estos complementos dietéticos tienen por objetivo proporcionar ciertas vitaminas o minerales al cuerpo, fundamentalmente cuando determinadas condiciones individuales, desde el estilo de vida hasta diversas enfermedades, lo hacen necesario. Nunca deben considerarse sustitutos de una alimentación balanceada o de hábitos saludables como el ejercicio. Dicho de otra manera, para consumirlos lo indicado es que un especialista determine que sufrimos una carencia y que nos indique cuál suplemento es el que nos conviene. Un caso, por ejemplo, sería el de una mujer posmenopáusica que requiera un mayor aporte de vitamina D y calcio.

Tomar suplementos vitamínicos por nuestra cuenta y riesgo puede generarnos efectos secundarios, incluyendo cansancio, náuseas, insomnio o daños cardiovasculares.

Nada de cierto hay en la oferta de suplementos alimenticios que supuestamente ayudan a la prevención o curación de enfermedades. Es frecuente ver que se llega al extremo de asociarlos al tratamiento o curación del cáncer.

Diversos estudios han confirmado, además, que no son útiles para sentirnos más enérgicos o vitales, para hacernos más “inteligentes” ni tampoco para acompañar dietas de adelgazamiento.

La mayoría de personas que muestran algún déficit de vitaminas y minerales, pueden corregir la situación mediante una alimentación balanceada y una dieta prescrita por sus médicos. Esa debe ser la primera opción cuando no hay alguna alteración o condición anormal.

El criterio médico es fundamental, entre otras cosas porque es necesario conocer la dinámica de vitaminas y minerales que pueden no ser compatibles. Por ejemplo, el zinc puede ser contraproducente para la absorción natural de hierro y aminoácidos. Las dosis y sus componentes, en consecuencia, deben ser personalizadas a criterio del especialista.

Algunos suplementos como el de ácido fólico o la vitamina C, sí pueden tener un beneficio más genérico en ciertas circunstancias. Pero siempre hay que ser prudentes: un exceso de vitamina C, por ejemplo, puede ocasionar diarreas, vómitos y otros problemas.

En síntesis, si eres una persona sana y los exámenes no muestran ningún déficit de vitaminas o minerales, nada ganas con consumir suplementos. No hay un “reforzamiento”, como podría pensarse, y por el contrario puedes incurrir en riesgos para tu salud.

 

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