El aceite de la salud

Son tantos sus beneficios para la buena mesa y la buena salud, que hoy le llaman “oro líquido”. Hablamos del aceite de oliva, en especial del denominado “virgen”, es decir el extraído de la aceituna por medios exclusivamente mecánicos.

 

La Fundación Española del Corazón (FEC) ha declarado que la ingesta diaria de aceite de oliva ayuda a proteger la salud cardiovascular gracias a su aporte en ácidos grasos y a sus componentes antioxidantes que nos protegen ante la arterioesclerosis y reducen los niveles de colesterol LDL (malo). En nuestras latitudes no es tan accesible para muchos, pero bien vale la pena hacer el esfuerzo de incorporarlo a nuestra dieta tanto como sea posible.

 

En efecto, múltiples estudios han determinado que el aceite de oliva virgen reduce el nivel de colesterol, el riesgo de infarto y el de sufrir trombosis arteriales. También disminuye la acidez gástrica, previene úlceras, mejora el funcionamiento del páncreas, la vesícula biliar y el intestino. Por su aporte de vitaminas A, D, K y E, es antioxidante y retarda el envejecimiento de las células. Además, ejerce un efecto suavizante y antiinflamatorio sobre la piel y las mucosas.

 

Además de ingerirse, el aceite de oliva se utiliza en gran variedad de cremas, geles o mascarillas debido a su efecto en la salud de la piel y el cabello.

 

No todos los aceites “vírgenes” son igual de buenos. En orden de calidad, se clasifican en “Aceite de Oliva Virgen Extra” (hasta 0,8% de acidez); “Aceite de Oliva Virgen” (hasta 2,0% de acidez) y “Aceite de Oliva Virgen Corriente”, cuya acidez puede alcanzar el máximo permitido de 3,3%.

 

Pocos productos son al mismo tiempo tan buenos para la salud y para el placer de la comida. El aceite de oliva virgen lo tiene todo.

 

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