Nanomedicina: una revolución en pleno desarrollo

Mucho se habla de la nanotecnología y de su aplicación a las ciencias de la salud, es decir la nanomedicina, pero aun así cuesta comprender del todo la minúscula escala de este nuevo escenario tecnológico. Se trata, nada menos, que de producir, manipular y estudiar el comportamiento de materiales con, al menos, un tamaño en torno a los 100 nanómetros (nm). Para entenderlo consideremos que el grosor de un cabello humano es de unos 70.000 nanómetros.

La nanomedicina ha estado fuertemente asociada a la búsqueda de nuevos enfoques en la lucha contra el cáncer, las patologías cardiovasculares o las enfermedades raras, pero hoy su influencia se extiende a muchas otras áreas. De lo que no cabe duda es que el gran hito en esta materia fue el desarrollo de las vacunas contra el Covid19 basadas en el ARN mensajero; una tecnología que ya tenía años de evolución, pero que encontró en la pandemia la oportunidad para demostrar su eficacia y su seguridad.

¿Y qué tienen que ver estas vacunas con la nanomedicina? Simplificando, podemos decir que la nanotecnología proporcionó una “nave” de última generación. En varias de las nuevas vacunas el llamado ARNm de vida corta se encapsula en envolturas moleculares formadas por lípidos, es decir nanopartículas que desempeñan un papel clave en el proceso de inmunización. Estas nanopartículas protegen en ARNm que, de otra forma, sería degradado y eliminado por el cuerpo antes de llegar a las células donde es necesario provocar la respuesta inmune.

Se trata de un avance que va mucho más allá de las vacunas, abriendo esperanzas para el tratamiento de enfermedades autoinmunes, cáncer, alergias o trasplantes. Entre otras cosas, allí podría estar la vía para afrontar el grave problema que representa la creciente resistencia a los antibióticos que van desarrollando las bacterias. Para ello, se ha descubierto que es posible diseñar nanopartículas poliédricas con veinte caras –llamadas nanoicosaedros– capaces de adherirse a las bacterias con gran eficacia y a una velocidad superior a la que tienen estos patógenos para mutar y desarrollar resistencia.

Por otra parte, la nanomedicina puede revolucionar la forma en la que se administran fármacos ya existentes para lograr resultados mucho mejores ante múltiples enfermedades, especialmente en las relacionadas con el cerebro, tales como el párkinson, el Alzheimer, la esquizofrenia o la depresión. Nuevamente, las nanopartículas funcionarían como vehículos capaces de transportar moléculas hasta el lugar exacto donde se requieren, reduciendo  la toxicidad y otros efectos adversos.

Una curiosidad: el  oro está entre los materiales más usados en las nanopartículas. A esa escala, no tiene el color usual: muestra una gama amplia de tonos muy vivos que van del rojo al morado dependiendo del tamaño de la partícula. Esta característica le convierte en un sensor. Por ejemplo, en los modernos test de embarazo las nanopartículas de oro cambian de tamaño y color al encontrarse con la hormona gonadotropina coriónica, cuya presencia evidencia que la mujer está gestando.

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