Problemas de altura

Ver cómo nuestros hijos pequeños van aumentando de estatura es algo que llena de satisfacción. ¿Pero qué ocurre cuando empezamos a notar que ese crecimiento es más lento que el de la mayoría de los niños de su misma edad?

A menudo no hay nada que temer, pero será el pediatra quien en principio nos ayude a descartar cualquier problema. El médico tiene que evaluar varios factores. Una de las primeras cosas a tomar en cuenta es la estatura de los padres, pues la genética juega un papel muy importante. Es probable que si los padres tienen una estatura inferior al promedio, la situación se repita en sus hijos.

En cualquier caso, no solo importa la “fotografía” del momento, sino lo que ocurre a lo largo de un periodo de meses en los que el doctor apreciará la velocidad del crecimiento. Un niño puede tener una estatura inferior al promedio para su edad, pero estar creciendo a un ritmo normal.

El médico también podrá evaluar la edad ósea del niño. En los mayores de 7 años, una radiografía de la mano o muñeca izquierda puede ayudar a estimar la estatura que probablemente tendrá cuando sea adulto.

A veces hay un retraso general del crecimiento y de la pubertad, pero una vez que el niño se vuelve púber crece hasta alcanzar una estatura normal.

El hecho es que la mayoría de los niños que tienen baja estatura no tienen afecciones médicas, son sanos y crecen a un ritmo normal.

Pero en ocasiones sí se encuentra una enfermedad o deficiencia que esté retrasando el crecimiento. Entre las posibilidades están los problemas cardíacos, asma, diabetes, celiaquía, enfermedad intestinal inflamatoria, afecciones renales, anemia, deficiencias hormonales como el hipotiroidismo, etc. Otras causas posibles son la Enfermedad de Cushing, que incrementa la producción de cortisol (la hormona del estrés) o el haber estado recibiendo un tratamiento prolongado de esteroides o con ciertos medicamentos utilizados para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Por supuesto, también es común que nos preocupemos por un crecimiento anormalmente alto para la edad de nuestros niños. A menudo esto se asocia a un desarrollo anticipado de la pubertad o a que la glándula pituitaria o hipófisis produce un exceso de la hormona del crecimiento. En todo caso, siempre será el médico el más indicado para identificar si existen verdaderas razones para preocuparnos.

En uno u otro caso, también hay que considerar que una estatura notablemente mayor o menor al promedio conlleva una carga psicosocial que puede afectar el bienestar de los niños y jóvenes. Puede haber experiencias de estigmatización entre los compañeros de clase o amigos, aislamiento, deterioro de la autoimagen o problemas con el rendimiento escolar, entre otras situaciones. Por tanto hay que estar atentos y ofrecer el mayor apoyo posible con asesoría de profesionales.

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