Si el teletrabajo llegó para quedarse…

Si el teletrabajo llegó para quedarse, sigue estos consejos…

Aunque mañana se diera por terminada la pandemia del Covid-19, es altamente probable que muchas empresas e instituciones conserven en mayor o menor medida el régimen de teletrabajo para muchos de sus empleados. La situación experimentada durante el último año y medio demostró que la presencia diaria en la oficina es, en muchos casos, bastante menos necesaria de lo que se pensaba, lo que se traduce en una reducción de costos operativos y en una mayor posibilidad de contratar personal con independencia de su ubicación geográfica.

Pareciera que para el trabajador es también una ganancia el tener la “libertad” de quedarse en casa, pero todo el que haya tenido la experiencia sabe que el asunto conlleva sus particulares desafíos. Se puede caer en varios extremos: algunos encuentran difícil concentrarse y ser tan productivos como lo eran en la oficina, mientras que otros tienen problemas para establecer límites y acaban dedicando al trabajo mucha más atención y más horas de las adecuadas o necesarias. Ambas cosas pueden generar desgaste, insatisfacción y problemas de compatibilidad entre el ámbito familiar y el laboral.

Lo primero es asumir que la casa no es una oficina. Por tanto, en lo posible, es necesario asignar un espacio de trabajo que ofrezca las mejores condiciones posibles: una silla ergonómica y una mesa o escritorio con la altura adecuada, luz y ventilación suficiente y –relevante aunque no lo parezca- cualquier elemento decorativo que haga más grato el lugar. Luego, hay que construir el hábito de utilizar ese espacio como sitio de trabajo, mayormente dentro de un horario “de oficina” establecido: nada de andar errando con la laptop “de la sala al comedor” como la manzana de la canción infantil. E incluso dentro de ese horario, debemos contemplar también descansos de al menos 15 minutos cada dos horas. Además están los momentos de cada comida, que no deben ser para el trabajo ni para el celular, sino para tu familia.

Como vas viendo, el asunto tiene mucho que ver con establecer ciertos rituales que recuerdan el trabajo presencial. Uno muy importante es el de alistarse cada día para la jornada laboral, lo que incluye despertarse razonablemente temprano y con regularidad, y vestirse para la ocasión. Así es: la pijama puede ser un gran enemigo de tu motivación y desempeño.

En casa eres, más que nunca, tu propio gerente. No dudes en aprovechar cualquiera de las herramientas tecnológicas de que disponemos hoy para llevar perfectamente una agenda, dar seguimiento a cada proyecto, priorizar y fijar tiempos para cada tarea u objetivo, etc. Así mismo, ahora eres responsable de mantener a raya todos los posibles agentes distractores, incluyendo por supuesto la televisión, la navegación en la web y el chequeo de las redes sociales. Con los demás miembros de tu familia es indispensable negociar, repartir tareas y llegar a acuerdos que te permitan proteger tu tiempo de concentración en el trabajo.

Al final, como ves, se trata de un gran ejercicio de madurez y responsabilidad.

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