Sintámonos seguros… ¡pero no tanto!

Es obvio que contratar pólizas de seguro para proteger el patrimonio o la salud tuya y de tu familia,  es una extraordinaria fuente de tranquilidad. Apostar a que “nada malo va a pasar”, por el contrario, puede llenar nuestra vida de una constante preocupación, por no hablar de la angustia que sufriremos al ocurrir cualquier evento que supere nuestra capacidad financiera.

En Latinoamérica, lamentablemente, aún tenemos cierto rezago en la llamada “cultura del seguro”. Muchas personas aún no interiorizan su valor e importancia, y tienden a preferir la incertidumbre a la tranquilidad y estabilidad que representa transferir determinados riesgos a una compañía aseguradora.

Ahora, si usted pertenece al grupo de quienes comprenden cabalmente las ventajas de contratar buenas pólizas de seguro, hay un curioso fenómeno psicológico que es conveniente tener siempre en cuenta: existe la tendencia a reducir nuestra percepción del riesgo cuando sabemos que contamos con una póliza.

En algunos estudios, por ejemplo, se ha visto que las personas con seguro médico tienden a sentirse menos expuestas a los problemas de salud o a actuar como si tuviesen menos probabilidades de enfermar o sufrir un accidente. Digamos una verdad de Perogrullo: un seguro nos proporciona la tranquilidad de poder afrontar económicamente determinados eventos, pero no puede evitar que ocurran.

Los psicólogos indican que cuando tomamos ciertas previsiones, por ejemplo el chequear muy bien el estado de nuestro vehículo antes de tomar una carretera, algunas personas pueden sentirse más seguras y por tanto ser más temerarias en la vía.

Este fenómeno tan contraproducente puede tener incluso consecuencias en materia de salud pública. Un caso notable es el del VIH, donde se ha registrado un incremento de los contagios asociado al éxito de las terapias con antivirales. Los especialistas lo atribuyen a una disminución en la percepción del riesgo, que ha hecho que veamos al SIDA como una enfermedad menos peligrosa.

La conclusión es simple: tan importante es la cultura del seguro como la cultura de la prevención. Lo ideal es protegernos tanto como sea posible con las mejores pólizas, al tiempo que no bajamos la guardia en todo lo relacionado con llevar una vida sana y libre de riesgos innecesarios.

 

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