Vivir con alergia alimentaria

Las alergias alimentarias son una incómoda parte de la vida de muchas personas: se estima que 4% de los adultos están afectados por esta condición, y la proporción entre los niños es el doble. Pese a que hay múltiples avances científicos en la búsqueda de una solución efectiva, hasta la fecha no existe una cura.

Puede decirse que la alergia alimentaria se produce por una confusión: nuestro  sistema inmunitario identifica un alimento o sustancia inofensiva como algo amenazador. En respuesta, las células liberan un anticuerpo conocido como inmunoglobulina E. De allí en adelante, cada vez que consumimos el alérgeno, aunque sea una pequeña cantidad, los anticuerpos le indican al sistema inmunitario que libere una sustancia llamada histamina (De allí el término “antihistamínico” en los medicamentos usados para tratar las alergias), entre otras sustancias que van al torrente sanguíneo y desencadenan los síntomas.

La gran mayoría de las alergias alimentarias se generan por el consumo de mariscos crustáceos, maní, frutos secos, pescado, huevos, leche de vaca, trigo y soja. Pero existe además el llamado síndrome de alergia oral, o síndrome de alergia al polen alimentario, que afecta a muchas personas con rinitis alérgica. En estos casos la reacción puede asociarse a ciertas frutas y verduras frescas o frutos secos y especias.

Las alergias alimentarias pueden generar múltiples molestias, principalmente en el sistema digestivo y la piel, pero la reacción más temida y potencialmente mortal es la anafilaxia. Ésta puede comprender constricción y opresión de las vías respiratorias, inflamación o sensación de un nudo en la garganta, descenso de la presión arterial, pulso acelerado, mareos, aturdimiento o pérdida del conocimiento.

No debemos confundir este tipo de alergia con la intolerancia alimentaria, aunque los síntomas son en algunos casos similares. Es menos grave y generalmente quienes la sufren pueden tolerar cantidades pequeñas del alimento causante.

La intolerancia alimentaria puede producirse por la ausencia de una enzima en particular necesaria para digerir un alimento por completo, por intoxicación o por sensibilidad a ciertos aditivos alimentarios. Además existe la enfermedad celíaca que, aunque puede definirse como una alergia al gluten, no conduce a la anafilaxia.

Cuando se experimenta una alergia alimentaria, la mejor manera de prevenir una reacción peligrosa es conocer y evitar los alimentos que causen signos y síntomas, pero siempre existirá el riesgo de consumirlos involuntariamente.

Estas son algunas de las medidas preventivas que deben tomarse:

  • Lee cuidadosamente las etiquetas de los alimentos.
  • Si has sufrido una reacción alérgica grave,porta un brazalete o cualquier otro medio de alerta que informe a otros sobre qué hacer si eres incapaz de comunicarte.
  • Consulta con tu médico si necesitas llevar contigo epinefrina para administrar en caso de emergencia.
  • Informa de tu condición cuando vayas a restaurantes o a comer en casa de terceros.
  • Si tienes niños con alergia alimentaria notifica a sus cuidadores y y maestros.Asegúrate de que tus niños sepan que deben pedir ayuda rápidamente al presentarse los síntomas.

 

 

 

 

 

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